Esta maravilla se encuentra en Turquía, en la ciudad de Éfeso. Se trata de un gran templo dedicado a la diosa Artemisa que envió construir el rey Creso para apaciguar a la gran diosa, y que en el año 356 a.C. se incendió y fue destruido. Este templo lo componen grandes edificios denominados por los arqueólogos por letras.
Artemisa era hermana de Apolo e hija de Zeus, por lo tanto era una de las doce divinidades olímpicas y una diosa indomable que daba y quitaba vida. En esta ciudad (Éfeso) se le rendía un culto prehelenístico representando la fertilidad; a esta diosa se le representa con una corona amurallada y era servida por esclavas. La diosa aparecía salvaje, independiente y de gran fuera y con una belleza impresionante, también se le asociaba a la diosa de la fertilidad, la caza y la guerra. En su interior encontrábamos una gran estatua de Artemisa con una dimensión de dos metros de altura y revestida con plata y oro.
El lugar en el que fundaron este santuario fue objeto de veneración por las poblaciones que practicaban el culto a la Diosa madre o a Cibeles, que con posterioridad fue asimilado por Artemisa. La construcción de este edificio costó mucho tiempo y muchos trabajadores. Este santuario se construyó y se derruyó varias veces, la primera datación de el inicio del templo fue en el siglo VIII a.C. y lo destruyeron los cimerios.
El arquitecto de esta maravilla fue el griego Quersifrón de Cnosos y se construyó por los alrededores del 550 a.C. Metágenes fue el que consiguió terminarlo con ayuda de Teodoro. Para protegerlo de terremotos y catástrofes atmosféricas de este tipo con peligro de derrumbamiento, se eligió un terreno rocoso para protegerlo. Este templo fue respetado como lugar de refugio, se trasladó a mito junto con las amazonas que se refugiaron de Hércules y de Dionisio. El 21 de Julio del año 356 a.C., Eróstrato provocó un incendio que causó el derrumbe de este Templo, cuentan que esa misma noche, fue la noche en la que nació Alejandro Magno; Plutarco sentenció que la diosa griega Artemisa estaba demasiado preocupada por el nacimiento del infante y no le prestó atención a su Templo en llamas. Tras la muerte de Alejandro, el templo se reconstruyó, en el año 323 a.C., años más tarde en el 262 a.C. la maravilla volvió a ser arrasada por los godos. Siglos más tarde el cristianismo invadió la zona y el templo perdió su interés religioso, así que derribaron los restos del edificio y reutilizaron los materiales para otras construcciones. En el 1869 el lugar del templo se redescubrió, por una expedición del Museo Británico.
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